Recompensa. 4
Por la mañana, Aileen se despertó sola, la habitación estaba iluminada por la luz dorada que se filtraba entre las cortinas, tibia y suave, pero el sonido insistente de su celular la obligó a salir del sueño, estiró la mano, medio dormida aún, y frunció el ceño cuando vio el nombre en la pantalla: Gabriel.
Por un momento pensó en dejarlo sonar hasta que se cortara, todavía sentía el eco de los gritos de la noche anterior, la rabia, las palabras que le habían dolido más de lo que quería admitir,