Apagada. 3
Al otro lado del instituto, la práctica seguía como cualquier mañana, los chicos corrían, reían, se quejaban del frío y del cansancio, la pelota rebotaba contra el suelo, los silbidos marcaban las jugadas, y Leo, como siempre, era el centro del equipo, pero algo estaba mal.
Muy mal, Leo falló un pase sencillo, después falló otro, luego un tiro a quemarropa, Noah y River lo miraron raro.
— Bro... ¿Qué te pasa? — preguntó River, acercándose con la respiración agitada.
Leo no respondió, el lazo, a