Apagada. 4
Apenas cruzaron la puerta del área de emergencia, los monitores que Aileen llevaba conectados comenzaron a emitir un sonido extraño, primero un pitido irregular, luego uno más rápido, y de pronto.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
— ¡RITMO INESTABLE! — gritó una enfermera — ¡ASISTOLIA INMINENTE! — los números en la pantalla cayeron en picada.
De 89 latidos por minuto... a 40... 20... 10... Eleonor soltó un alarido que desgarró el pasillo.
— ¡¡AILEEN NO!! ¡¡NO TE VAYAS MI NIÑA, NO TE VAYAS!! — Anna la abra