Previa. 3
El lobo, con el pelaje tan brillante que casi cegaba con la luz del sol, la miraba con descaro, una sonrisa burlona en el hocico y los ojos amarillos resplandeciendo.
— Buenos días, conejita. — ronroneó con su voz profunda, casi seductora.
Aileen soltó un chillido.
— ¡¿Qué demonios?! — sin pensarlo, levantó la sartén que tenía en la mano y ¡PAM! le dio un golpe en el hocico.
El sonido metálico retumbó por toda la cocina, el lobo soltó un gruñido agudo, más de sorpresa que de dolor, retrocediend