Previa. 2
La risa de Aileen —o algo muy parecido a ella— lo hizo incorporarse a medias, frente al tocador, con la pierna cruzada y la cabeza ligeramente ladeada, estaba ella. No la Aileen dulce y soñadora que había dejado hace un minuto en la cama, sino la otra, la que a veces despertaba con los ojos encendidos y el aire cargado de energía oscura.
— ¿Te ibas sin despedirte? — preguntó con voz melódica, arrastrando las palabras como si fueran seda.
Leo tragó saliva, tratando de mantener la compostura.
— Y