Pareja. 4
Leo le volvió a dar la vuelta, Aileen se aferró a sus hombros, las uñas hundidas en la carne tensa, mientras él la poseía con una ferocidad que solo un licántropo podía entregar, no era solo pasión; era una comunión de almas, un ritual ancestral donde sus cuerpos hablaban el lenguaje de la luna salvaje.
— ¡Leo! — jadeó Aileen, el nombre escapando de sus labios como una plegaria — ¡Más fuerte, por favor! — él gruñó, un sonido gutural que vibró contra su cuello mientras sus caderas chocaban contr