Juego. 2
La anciana lo recibió en el porche, con una manta sobre las piernas y una taza de té en las manos, sus ojos sabios lo estudiaron apenas se acercó.
— Tienes algo que decirme, muchacho. — dijo sin rodeos.
Leo asintió, sentándose frente a ella.
— James encontró a Rebeca. — la taza de la abuela quedó inmóvil a medio camino hacia los labios.
— ¿Dónde? — preguntó sin adornos.
— Cuatro pueblos más allá, está con un hombre, uno que no inspira confianza, no sé qué planea, pero... está viva. — Eleonor ba