El sol se filtraba a través de las pesadas cortinas de terciopelo, proyectando haces dorados sobre la piel desnuda de Lilia. Parpadeó lentamente, su mente aún estab atrapada en el letargo del sueño, pero el peso en su pecho no provenía de la somnolencia. Era la culpa.
Cuando sus sentidos se agudizaron, lo sintió. El vacío.
Se incorporó de golpe, con el corazón martilleándole el pecho. La cama estaba fría a su lado. Nikolai no estaba. No había rastro de su calor, de su aroma embriagador que l