El eco de sus tacones resonaba en el pasillo del hotel, un lujo que hasta hace poco le había parecido inalcanzable. Lilia deslizó la tarjeta de la habitación y empujó la puerta con un suspiro cansado.
París era hermoso, su nueva vida brillaba como una fantasía y los cincuenta millones en su cuenta eran suficientes para no mirar atrás. O al menos, eso quería creer.
Pero algo estaba mal. Las luces estaban tenues, demasiado, y un aroma ahumado flotaba en el aire. Whisky. El miedo le recorrió la esp