Lilia aceptó el dinero.
No porque fuera fácil, sino porque entendió que no tenía otra opción. Isabella no era una mujer con la que se pudiera negociar, y si quería salir de todo esto con vida, lo mejor era tomar su oferta y desaparecer. Después de todo, había querido escapar de Nikolai y ahora tenía la oportunidad. Por alguna extraña razón, lo extrañó, extrañó a su verdugo.
Firmó el contrato con la mano temblorosa, sintiendo cómo cada trazo de tinta era una puñalada directa a su corazón. Esto s