Naia
Siete meses. Siete meses han pasado desde que el mundo dejó de ser una zona de guerra para convertirse en un santuario.
Siete meses desde que regresamos de aquella isla en el Egeo para reclamar nuestro lugar en Moscú. Hoy, mientras observo los copos de nieve caer pesadamente contra el cristal reforzado de nuestra habitación, mi reflejo me devuelve la imagen de una mujer que apenas reconozco, pero que amo profundamente. Mi vientre es ahora una curva prominente, firme y hermosa, que alberga