Naia
El primer rayo de sol que logró atravesar la espesa cortina de pinos de la cabaña entró por la ventana con una timidez que me resultó reconfortante. Me desperté sin el sobresalto de las pesadillas; por primera vez en mucho tiempo, el peso en mi pecho se sentía un poco más liviano. Me quedé inmóvil unos segundos, sintiendo el calor de la mano de Artem, que aún descansaba sobre mi cintura, incluso en sueños él parecía querer anclarme a la cama, asegurarse de que no me desvaneciera en la nie