Elana estaba más atónita que nunca.
—¡Oh, cariño, ven aquí! ¡Lo siento mucho! No era mi intención hacerte llorar.Eres una santa por soportar a esa cabrón, ¿me oyes? Ven conmigo. —Me cogió de la mano y me condujo por otro pasillo oscuro hasta un despacho—. Ahora siéntate y olvídate de la cara de toda esa gente.
Resoplé y empecé a sentirme como una estúpida.
—Y no te cohibas, ¿me oyes? Tengo la sensación de que llevas mucho, mucho tiempo guardándote esto y un buen llamto es necesara de vez en