El semáforo aún no se había puesto verde en el cruce de la Diecisiete con Broadway cuando un ejército de prepotentes taxis amarillos adelantó rugiendo la diminuta trampa mortal que yo estaba intentando manejar por las calles de la ciudad.
Embrague, gas, cambio (¿de punto muerto a primera o de primera a segunda?),suelta embrague, me repetía mentalmente, mantra que a duras penas me brindaba consuelo, y no digamos orientación, en medio del chirriante tráfico del mediodía.
El cochecito corcoveó sal