—¡Jill, deja de llamar a gritos a tu hermana! —vociferó mi madre sacándome de la pesadilla que me envolvía.
Sin abrir los ojos, maldije a Markus Preston por inmiscuise en mis sueños y molestarme incluso en ellos.
—Creo que todavía duerme. —Acto seguido, una voz aún más fuerte llegó desde el pie de la escalera hasta mi habitación— ¿ Yess, estás dormida todavía?—Abrí un ojo y miré el reloj. Las ocho y cuarto de la mañana. Dios mío, ¿a qué venía tanto escándalo?
Estuve unos minutos dando vueltas e