Caminó por los pasillos de la clínica, sintiendo el aroma familiar a desinfectante y medicamentos. Esta vez, el camino a la cafetería no se sentía como un escape, sino como un propósito. Al entrar, su mirada barrió el lugar. La cafetería estaba un poco más concurrida que la última vez, pero había una mesa libre cerca de la ventana, el mismo lugar donde se habían sentado.
Y allí estaba él. Daniel Fuentemayor. Estaba de pie junto a la mesa, ya con un café en la mano, luciendo un blazer gris oscur