Laura había empezado su mañana como cualquier otra en Los Laureles, con su café en una mano y los documentos de la reunión en la otra.
Sus pensamientos divagaban sobre la presentación que debía hacer más tarde, revisando mentalmente cada detalle importante.
Sin embargo, algo en el ambiente se sentía distinto. Un murmullo en los pasillos, miradas furtivas entre colegas, y la incomodidad palpable en el aire. El sonido de teclados apresurados y susurros contenidos aumentaban su inquietud. Algo es