La alegría inundaba a Laura como una cascada impetuosa. Después de dos años de silencio, de incertidumbre, de una espera que había puesto a prueba su alma, Alex había vuelto. Sus ojos, aunque débiles, volvían a verla, su voz, aunque ronca, volvía a nombrarla. Era un renacimiento, un nuevo comienzo, un milagro tejido con el hilo de su amor inquebrantable.
Mientras los médicos y enfermeras continuaban realizando pruebas y monitoreando a Alex, Laura permanecía a su lado, aferrándose a su mano, sus