No hubo descanso prolongado. Apenas recuperaban el aliento, apenas sus cuerpos dejaban de temblar, cuando la necesidad volvía a surgir, imperiosa, demandante. Se miraban, sonreían con complicidad, y el ciclo comenzaba de nuevo. Probaron cada rincón de la habitación, cada postura que su imaginación y sus cuerpos flexibles les permitían. El suelo alfombrado, el sillón junto a la ventana, incluso la ducha, se convirtieron en escenarios de sus encuentros desenfrenados. El agua caliente cayendo sobr