El primer atisbo de conciencia llegó a Laura como una caricia tibia sobre sus párpados. Una luz dorada, suave y persistente, se filtraba a través del resquicio de las pesadas cortinas, anunciando un nuevo día. Abrió los ojos con lentitud, parpadeando varias veces para acostumbrarse a la claridad.
Un suspiro de profundo contentamiento escapó de sus labios antes de que pudiera reprimirlo. El cuerpo le pesaba deliciosamente, cada músculo relajado, cada terminación nerviosa vibrando aún con el eco