Alyssa lo miró embobada, escuchando la suave melodía provenir de las cuerdas del piano. Los dedos de Elián eran largos y finos, perfectos para el piano. Alyssa ya lo había oído tocar un par de veces cuando ambos seguían aún en Inglaterra, en casa de la tía de Elián. Pero, no importase cuántas veces él lo hiciera, Alyssa siempre amaría verlo tocar.
—Aun así —musitó Alyssa, haciendo que Elián tuviese que detener su recital para escucharla—. Soy tu mejor amiga, Elián, una boda no cambiará eso. Est