Sin la suficiente paciencia para esperar que la cantinera terminara con su conversación poco interesante, Alyssa se inclinó sobre la mesa y tomó la primera botella que palpó escondida tras la barra. Logró destaparla a tiempo y servirse la mitad de su chupito cuando oyó un grito por encima de la música.
– ¡Oye! Estás robando whisky.
– No estoy robando nada –se adelantó Alyssa, aunque no le entregó la botella a la camarera hasta servirse por completo y beberse el vaso de un trago–, pagaré por eso