Unos tacones apresurados resonaron por todo el pasillo. Alyssa venía medio en trote desde la cocina con una sonrisa en sus labios y dos trenzas colgándole detrás de la cabeza. A su lado, Eros cargaba su bolso, sonriéndole de vuelta a su esposa como si ella fuese el sol de su universo. Y quizás lo era, pues Elián podía verlo en la forma en que los ojos de su hermano brillaban sin disimulo.
Al llegar hasta su lado, donde Elián se había girado para hacerles creer que no los había visto llegar, Ero