—¡No puedes mantenerme aquí por siempre! —Artem azotó de nuevo la puerta, deseando poder tener la fuerza de Eros para poder derribarla de sus pernos sin lastimarse tres huesos en el proceso—. ¡Exijo ver a mi padre!
Una respuesta desde el otro lado de la puerta se oyó justo después de unas pisasdas—. Alberto está en una reunión en este momento, señor Anzola.
Artem reconoció al instante esa voz de mujer.
—O me abres la puerta ahora mismo, Guli, o juro que te degollaré apenas pueda salir —él volvi