El amanecer apenas comenzaba a iluminar el horizonte cuando Sebastián despertó. La luz suave y dorada que se filtraba a través de las cortinas cerradas de su habitación parecía una advertencia del día que se avecinaba. Sabía que esta no sería una jornada común. Había tomado una decisión irreversible la noche anterior: a partir de ese momento, el juego de las sombras dejaría de ser solo una cuestión de negocios. Ahora era personal. La jugada que estaban a punto de ejecutar cambiaría no solo la h