La ciudad seguía su curso indiferente mientras Sebastián y Emma se sumergían más en las sombras de la conspiración. Con cada paso que daban, la verdad se hacía más clara, pero también más peligrosa. Ahora sabían quién estaba detrás de la filtración de información en la empresa Alarcón. La traición provenía de un hombre de confianza, un ejecutivó cuyo nombre resonaba en los pasillos como un símbolo de estabilidad y éxito. Javier Montenegro, el hermano de la familia rival, había logrado infiltrar