Las semanas que siguieron a la conversación con Aitana fueron como un interminable ciclo de tensión creciente. Javier sintió cómo los engranajes de la máquina que había estado construyendo empezaban a desmoronarse, como si alguien estuviera manipulando las piezas sin que él pudiera hacer nada al respecto. Cada vez más personas de su entorno comenzaban a moverse, y aunque al principio pensó que podía controlar los hilos, pronto comprendió que el poder no se da por control, sino por influencia. Y