Llegamos a la residencia y bajo a Sam cargándola en mi hombro, luego a mi edificio, subimos el ascensor y al llegar a mi puerta, la bajo, colocándola a un lado mientras la sostengo para que no se me caiga.
—Ale —ríe y por más que sea contagiosa, me contengo.
—Angelito, deben estar durmiendo —le susurro y ella asiente como nena traviesa, nada parece indicar que me hará caso.
Abro la puerta y entramos, luego cierro la puerta después de nosotros. Sam empieza a depositarme besos en mi cuello y y