Capítulo 42

Llegamos a la residencia y bajo a Sam cargándola en mi hombro, luego a mi edificio, subimos el ascensor y al llegar a mi puerta, la bajo, colocándola a un lado mientras la sostengo para que no se me caiga.

—Ale —ríe y por más que sea contagiosa, me contengo.

—Angelito, deben estar durmiendo —le susurro y ella asiente como nena traviesa, nada parece indicar que me hará caso.

Abro la puerta y entramos, luego cierro la puerta después de nosotros. Sam empieza a depositarme besos en mi cuello y y
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