••Narra Miranda••
La acidez subió por mi garganta sin aviso, un sabor amargo y urgente que no pude contener. Me incliné sobre las raíces secas del árbol en el patio de la iglesia y vomité, vaciando el poco contenido de mi estómago y con él, cualquier resto de dignidad que pudiera quedarle. La humillación por el incidente con el sándwich era nada comparada con esto.
¡Cuánto odiaba vomitar!
—¿Estás bien?
La voz de Charlotte sonó detrás de mí y aunque estaba teñida de una preocupación distante, e