Una semana.
Siete días enteros sin una sola pista, aunque tampoco era una investigadora muy buena que digamos, pero hacía lo que podía. Estaba investigando a un hombre el cual ni siquiera tenía el apellido.
Frederick parecía haberse esfumado de la faz de la tierra. Solo sabía su nombre de pila y en una ciudad tan grande, era como buscar una aguja en un pajar. La desesperación comenzaba a apoderarse de mí, mezclada con una certeza obsesiva: tenía que encontrarlo, tenía que conocerlo. Esa nec