Un mes.
Treinta días respirando el mismo aire que Julián Xin. Treinta desayunos juntos, treinta cenas en el mismo comedor Treinta noches durmiendo a su lado, sintiendo el calor de su cuerpo a solo centímetros de distancia, escuchando el ritmo de su respiración. Treinta días en los que me he vuelto loca.
Mi rutina es simple, casi monótona. Me despierto antes que él a pesar de que me ha dicho que no era necesario. Preparo el café, fuerte, como le gusta. Barro, limpio, pulo cada superficie del