••Narra Julián••
Esa noche, después de que Miranda me besara con una timidez que me partió el alma, supe que había perdido la batalla que llevaba tiempo librando contra mí mismo. Su confesión había sonado tan frágil y tan verdadera que todas mis barreras se desmoronaron. Ya no podía seguir fingiendo que era un caballero, que me confirmaba con tenerla cerca. La quería a ella. Completa.
Maldita sea, la necesitaba, porque era una tortura. Todo este mes ha sido una tortura para mí.
Cuando nuestro