Me acurruqué entre las sábanas del hospital, viendo la puerta fijamente, en espera de Frederick.
No entendía como Frederick pensaba ver a mi padre si la hora de visita terminó hace mucho, pero bueno, todo se puede esperar de Frederick Lancaster. No había puerta que no pudiera abrir y si ese era el caso, la derribaba.
La inquietud se alojaba en mi espalda, en mi mente y mi corazón. En estos momentos, los dos hombres más importantes de mi vida debían estar enfrentándose, discutiendo, repartien