••Narra Frederick••
La puerta de la habitación de hospital se abrió sin hacer ruido bajo mi mano. El interior estaba en penumbras, solo iluminado por la tenue luz del pasillo que se colaba por la rendija y el suave resplandor de la luna a través de la ventana.
Allí estaba ella. Charlotte. Dormida.
Respiraba con suavidad, sus labios rosados entreabiertos, un mechón de cabello rubio cayendo sobre su mejilla. Por un instante, todo lo demás; Charles, Klifor, el disco duro, la traición, se desvaneci