La gigantesca reja de la mansión se abrió de par en par, siendo recibido por ambos guardias de seguridad, quienes nos saludaban con cortesía.
Me estacioné frente a la entrada principal, el motor se apagó y por un momento, el silencio nos cubrió. Habían tantas cosas de las que debíamos hablar, que ahora, cuando era el momento oportuno porque estábamos solos, las palabras no salían.
Resoplé y preferí bajar y rodear el auto, abriéndole la puerta a Charlotte. Extendí la mano para ayudarla a bajar