Los ojos me pesaban, sintiéndolos hinchados por tanto llorar, pero la cantidad de pasos tratando de ser silenciosos me sacaban de mi zona de tranquilidad, así que los abrí. Pude distinguir a varias figuras femeninas moviéndose rápidamente por la habitación. Dos sirvientas estaban colocando los zapatos de Frederick en un baúl de cuero, otra doblando su ropa.
Pero fue él quien captó toda mi atención.
Frederick estaba de pie frente al espejo del tocador, abotonando su camisa casual. Inclusive de