El grito desgarrador que salió de mi garganta no fue completamente fingido. El pánico, la desesperación por detenerlo, la imagen aún vívida que me quemaba las retinas, todo se mezcló en un sonido visceral de angustia que sonó horriblemente real. Lo crucial fue la mano aferrada a mi vientre, la expresión de terror absoluto que logré plasmar en mi rostro.
Me iba a matar cuando descubriera mi farsa, pero ya no había vuelta atrás.
Frederick se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra un muro