Emma
Me quedé helada. El mundo pareció detenerse con la brusquedad de un choque frontal. Miré al hombre que tenía arrodillado frente a mí, al gran Alfa Dominic Blake, reducido a un mendigo de afecto que acababa de escupirme la oferta más ruin que había escuchado en mi vida.
—¿Amante? —la palabra salió de mi boca cargada de un veneno que no sabía que poseía.
No podía creerlo. No podía asimilar que, después de todo lo que había pasado, después de morir y renacer en una pesadilla de sangre y pelaj