Dominic
Mis nudillos impactaron contra su carne una y otra vez. No era una pelea; era una ejecución. Magnus no se defendía, no me devolvía los golpes, y eso solo alimentaba el incendio que me devoraba por dentro.
Me resultaba insultante su pasividad, su estoicismo de mártir mientras yo me ahogaba en mi propia bilis.
Lo golpeé hasta que mis manos ardieron, hasta que el sabor metálico de su sangre saturó el aire.
De repente, algo impactó contra mi costado. Una presión externa, un cuerpo que intent