Emma
Las náuseas me tenían de mal humor.
No era solo vomitar. Ojalá hubiera sido solo eso. Era despertarme con la boca amarga, sentir el estómago revuelto antes de poner un pie en el suelo, odiar la comida antes de probarla y después odiarme a mí misma por no poder comer como una persona normal. Me molestaba la cocina, el jabón de la ropa, el café de los vecinos, el pan recién calentado, hasta la ropa limpia de Magnus cuando entraba en la habitación después de ducharse. Todo me caía encima como