Emma
Mi madre eligió el banco más apartado del paso, bajo los árboles grandes al fondo del parque, y se sentó con las bolsas entre los pies y las manos juntas sobre el regazo. Yo me acomodé a su lado con la mochila pequeña que habíamos comprado y esperé, aunque sabía que esa espera no iba a durar. Mi madre podía callar muchas cosas cuando quería protegerme, pero no iba a fingir que no había visto a Magnus desangrándose en su casa, ni que tres días después su piel estaba limpia.
—Sabes que me de