Maya
—Mío… Solo mío.
—Y lo soy. He cometido el peor crimen que un compañero puede cometer —dijo—. No te fallé una vez. Te fallé cada día que elegí mirar hacia otro lado cuando debía haberte mirado a ti. Te fallé cuando dejé que el pasado ocupara el lugar que te pertenecía. Te fallé cuando no te di la certeza que merecías, la que cualquier loba merece de su compañero, la que mi sangre te debía desde el momento en que la Diosa Luna nos ató. —Sus manos apretaron las mías—. Mi lobo lo supo antes qu