Dominic
La sala quedó vacía mucho después de que se llevaran a Magnus y a Emma.
Los ancianos salieron entre murmullos, miradas tensas y amenazas que no se atrevieron a decirme de frente. Sargin fue el último en marcharse. Se detuvo junto a la puerta, con la espalda rígida, los puños cerrados, la cara marcada por una furia que no intentó esconder.
—Sabes que has cometido un error, Dominic.
Lo miré desde la cabecera de la mesa.
—Estoy haciendo lo mejor con lo que tengo.
Sargin me sostuvo la mirad