Emma
Tres semanas. Veintiún días siendo una sombra que se desliza por las grietas de una ciudad que no duerme. Me miré en el espejo del baño del motel, un trozo de cristal manchado de cal que me devolvía una imagen diferente, casi salvaje, no había otra forma de definirlo.
Mis pómulos estaban más marcados, mis ojos tenían una profundidad felina y mi piel, a pesar de las noches en vela, lucía una vitalidad insultante.
Juraría que mis ojos habían cambiado de color.
Ya no era Emma Carter. O al men