91. Apagar el fuego
91
Ryder
El día estaba nublado y húmedo, típico de Luisiana. La casa olía a café y pan tostado, los niños jugaban con bloques en la sala y Seraphina se mantenía distante, ocupada en cualquier cosa menos en mí.
Me encerré en el cuarto que Vlad me había prestado como “oficina” y marqué el número cifrado. Solo una persona respondía ahí: Aiden Mackalister.
—Ryder —respondió, su voz tranquila como siempre—. Tengo novedades.
Me senté, entrelazando los dedos.
—¿Buenas o malas?
—Depende de cómo