68. Junta directiva
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Ryder
La casa estaba en silencio cuando crucé la puerta con mis hijos en brazos. Cuatro pequeñas vidas, tan frágiles y perfectas, arropadas en mantas suaves. Uno sollozaba con un quejido leve, otro dormía profundamente, los demás apenas se movían, emitiendo sonidos que me partían el alma.
Las niñeras ya me esperaban en la sala, mirándome con una mezcla de respeto y sorpresa. No era común ver a un lobo así, cargando con tanto amor a sus crías. No me importaba.
—Aquí tienes —le dije a una de e