66. No ángeles comunes
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SERAPHINA
El camino hacia las montañas fue silencioso. Blake conducía con el ceño fruncido, sin hablar más de lo necesario. Yo lo observaba por el rabillo del ojo, intentando comprender por qué sus gestos me resultaban vagamente familiares y al mismo tiempo completamente ajenos.
No recordaba su voz.
Ni su risa.
Ni la forma en que me miraba, como si estuviera viendo un milagro… o un fantasma.
El campamento estaba escondido en lo alto, protegido por árboles y bruma. Era austero, funcional, co