Cuatro hombres discutían en una zona montañosa del límite del extremo sur. La tensión era palpable en el ambiente. El humano mercenario, con sus ojos fríos como el acero, miró fijamente a Sander, este hombre era comerciante de armas y traficante de mujeres lobos. La ira brillaba en sus ojos mientras hablaba con voz ronca y amenazante.
—Me prometiste que me traerías dos lobas como pago por las mercancías que te he entregado.
Sander, con una expresión de angustia, se pasaba la mano por la cabeza