Los sonidos en la habitación despiertan a Lilia, a quien se le dificulta incorporarse y abrir los ojos. Tras varias quejas y vueltas holgazanas sobre el colchón, ella se levanta entre bostezos.
Lilia se siente triste cuando visualiza a Bratt ya vestido y terminando de recoger sus pertenencias. Saber que estarán distanciados otra vez le provoca un vacío en el pecho, entonces la idea de irse a vivir con él no le parece tan descabellada.
—¿No piensas desayunar? —inquiere ella con tono desesperado,