Los ojos de Adrián se abren de forma exagerada, al mismo tiempo que su boca. El silencio se impone, y solo la respiración agitada de Lilia se atreve a romperlo.
Ella, por más que intenta no sentirse intimidada por la expresión de desconcierto y estupor que muestra su ex, no puede evitar observarlo como un animalito asustado a la expectativa de una reacción de su parte.
—¿Estás bromeando? —suelta él de repente, con voz temblorosa. La esclerótica de sus ojos se llena de sangre, mientras el rostro